Tormenta de arena

Durante mis años de consumo sentía que vivía envuelta en una tormenta de arena.
Aún queriendo esquivarla una y otra vez la tormenta me perseguía, intentaba cambiar mi rumbo pero la tormenta estaba ahí, atrás y adelante mío, como antes.
Un baile macabro con la angustia y probablemente con la muerte, quien sabe.
No podía hacer nada más que esperar que al día siguiente la tormenta se disipara, pero estaba resignada.
Ni sol, ni rumbo. Apretando los ojos y tratando de taparme la cabeza con la almohada porque en cuanto me despertaba, volvía a  estar ahí.
Pasaron años hasta que entendí de que se trataba
Alguien me explico que muy pocos pueden salir solos de la tormenta.
Y otra cosa estoy aprendiendo ahora. Esa tormenta soy yo.
Y de algo estoy segura, la mujer que entró en el remolino no es la misma que está intentando salir de él un día a la vez.

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