Un día cualquier. Una mañana, antes o después de lo debido. Pero llegué, por fin llegué.
Llevaba meses con el link de un grupo online de A.A. en mi email. Eso significaba que hacía meses que había cotilleado por Google sobre los grupos de A.A. online. Y eso a su vez significaba que ya había tenido la intención de dejar la bebida alguna que otra mañana de cualquier día.
No me atrevía a identificarme como alcohólica, eso era muy fuerte para mí, para una mujer normal que tenía un trabajo, dos hijos, un marido, una casa… Era demasiado doloroso reconocer que me gustaba tener una cervecita, o dos, o no sé cuántas, entre mis jornadas. Y lo peor era aceptar que no solo me gustaba, sino que la dependencia era inevitable. Daba igual la cantidad de bebida alcohólica que tomase, lo importante era los días que juntaba haciéndolo. Y la culpa de no poder parar.
Todo eso era lo que imagino que me llevó a buscar un grupo de ayuda, pero no un grupo cualquiera, eso lo tenía claro: debería ser un grupo online. Un sitio donde poder acudir con una app en la que podría llamarme con un nombre falso y poner una foto ficticia.
Y así, tras la búsqueda inicial de un grupo online, tras meses de lucha interna, y tras asumir que el día anterior había abierto una botella de vino con la intención de tomar una sola copa y no pudiendo parar de beber hasta terminar la botella entera, es como entré en mi primera sesión de A.A.
¡Qué alivio sentí! Me encontraba entre gente normal, de carne y hueso, de cualquier sexo, raza y posición. Yo era una más y ya no estaba sola. Todo el mundo me decía que era la persona más importante ese día. Y así lo sentí, con afecto y sin juicios.
No hizo falta ocultar mi nombre, percibí desde el primer momento que estaba a salvo. Con el tiempo cambié mi foto de Skype pudiendo mostrar mi rostro, sabía que seguía en familia y que en la comunidad mi anonimato superaba cualquier imagen. Y llegó un momento en el que me sentí tan fuerte y capaz de ir a una reunión presencial que supe que ya no iba a ser necesario porque efectivamente ya no estaba sola y aquel primer grupo online de A.A. me guiaba en mi camino de sobriedad.
¡Gracias!
Es maravilloso encontrar eco en el mundo virtual. Gracias por compartir, eso me alienta a continuar sobrio